Textos publicados e inéditos, incluyendo material gráfico y desgrabaciones de conferencias, entrevistas en televisión y radio, etc.

Globalización, Universidad, y el desafío del desarrollo sustentable en la región

Conferencia en el Postgrado sobre Ciencia, Tecnología y Desarrollo Regional. Universidad Nacional de Tucumán, abril de 2000.

Mario Rabey [1]


Este salón está adornado por el escudo de la Universidad Nacional de Tucumán, un escudo que representa a la Universidad pero que, al mismo tiempo, presenta el mapa de las cinco provincias del noroeste argentino, con sus respectivas ciudades capitales. Ello me permite reflexionar sobre el modelo de Universidad que hemos estado construyendo en la región durante los últimas dos o tres décadas. Este período coincide con la creación y puesta en funcionamiento de las tres universidades “nuevas” de la región del Noroeste Argentino -Catamarca, Jujuy y Salta-, que se fundaron quince años después que la de Santiago del Estero, a su vez unos treinta y cinco años posterior a Tucumán.

Se trata de un modelo básicamente copiado de los esquemas europeo y norteamericano. Este modelo de Universidad, pensado para enclaustrar al conocimiento más avanzado y a sus productores y estudiantes, ha funcionado bien en sus sociedades de origen. De hecho, durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la Universidad ha estado cada vez más asociada a las transformaciones socioeconómicas y políticas de los países capitalistas avanzados, en relación con el desarrollo de nuevos conocimientos y tecnologías que han permitido una inéditamente gigantesca transformación, control -e incluso amenaza- sobre la naturaleza, incluida la propia naturaleza humana.

Durante el siglo XX, en el ámbito de las Universidades se ha desarrollado una formidable asociación entre modelos teóricos holísticos y transdisciplinarios (como la teoría de sistemas y la informática) con las nuevas tecnologías de materiales, lo que ha permitido desencadenar, además, una gran revolución cultural basada en las computadoras y los sistemas multimediales. Ante esta revolución cultural, la que propusieron Mao y sus Guardias Rojos en la China de fines de los ´60 parece un juego de principiantes. De hecho, se están transformando radicalmente los modos de vida, producción, consumo y entretenimiento de una parte de la población mundial, amenazando con consolidar la fisura entre esos sectores más privilegiados y las grandes masas desposeídas de las comodidades, equipamientos y bienes de consumo más elementales (incluido el acceso cotidiano a las computadoras).

Este modelo de Universidad como institución especializada en la producción de conocimientos orientados al desarrollo de nuevas tecnologías con fuerte impacto social pero con escaso control por parte del conjunto de la sociedad había sido claramente cuestionado por la Reforma Universitaria de 1918. En efecto, la Reforma no solamente había sido un movimiento para democratizar la vida interna de la Universidad y para mejorar los niveles académicos a través de la implantación del sistema de designación de profesores por concurso. Según Gabriel del Mazo (1958), quien fue uno de sus principales protagonistas, la Reforma “[...] importa una retoma de la americanidad inicial, es decir de la Independencia incumplida [...]; como reemprendimiento del abandonado sentido americano de los fundadores de estas nacionalidades, traducido en la consideración de los propios problemas con propia mentalidad. ” (cit. en Campi 1998: 15).

Quiero dejar sentado que las Universidades europeas y norteamericanas de excelencia me parecen fantásticas ... en Europa y Estados Unidos, y en relación con el nivel medio de ingreso per cápita y las pautas culturales standard de su población. Quiero también aclarar que me parece absolutamente indispensable mantener vínculos con esas Universidades, que nuestros graduados vayan a hacer posgrados y estadías postdoctorales en ellas, desarrollar programas conjuntos de investigación, formar redes. Lo que no me parece bueno es seguir imitándolas.

Propongo que retomemos el programa incompleto de la Reforma Universitaria -y por cierto el de San Martín y Bolívar-. En particular, cuestiono el modelo de una Universidad que, para ser de excelencia, necesita cerrarse al resto de la sociedad y desvincularse de la cultura y de la creatividad de la gente no universitaria. Recordemos que la Universidad europea se instaló dentro de una tradición cognoscitiva preexistente a la Universidad.

Ustedes dirán: tal vez esto hubiese sido posible en el siglo pasado, ¿o será ésta una visión residual de las utopías de los sesenta y los setenta? ¿Cómo escapar a las inexorables fuerzas de la globalización? Me permito contestar, acordando con Jürgen Schuldt (1998), Vicerrector de la Universidad del Pacífico en Lima, que la globalización no tiene como atributo necesario la homogeneización. Como veremos, la globalización puede ser entendida como parte de una aceleración de los procesos de Modernización.

La adecuación que hemos tenido los argentinos a la Modernidad, a estos procesos de mundialización de la cultura europea acaecidos durante los últimos cinco o seis siglos, ha sido una adaptación bastante inadecuada, inacabada e incompleta. Digo inadecuada, inacabada e incompleta, porque el modelo de Universidad consolidado en la Argentina -y, en general, en toda América Latina-, con todas sus vicisitudes, es aquel modelo de Universidad que construyeron los europeos a partir de sus propias tradiciones culturales. Y cuando se produjeron cambios, éstos también se dieron -con la notable excepción de la Reforma Universitaria de 1918-, a partir de cambios en Universidades europeas. Pensemos, por ejemplo, en los cambios que produjo Humboldt en la Universidad alemana, a principios del siglo XIX, que influyeron en la organización de los estudios de muchas Universidades latinoamericanas. O en los cambios producidos en Argentina durante la década de 1990 a través de incentivos económicos a la investigación y de la evaluación universitaria, inspirados en las ideas neoliberales que hemos importado más recientemente de USA y Europa,.

Estos cambios también tienen que ver con las tradiciones históricas y culturales y con modalidades del desarrollo y organización del conocimiento, tal como se fueron produciendo básicamente en los núcleos de civilización europea. Uno de los recuerdos que conservo más vívidamente de mi pertenencia a la Universidad fue la discusión que tuve hace muchos años, cuando comenzaba a estudiar, con un Profesor que me aseguró tajantemente que China y la India no poseen una filosofía propia. Esa discusión me impulsó a abandonar los estudios por cinco años (y dedicarme a protagonizar la contracultura de los ´60), hasta que decidí resignar posiciones. La Universidad ha sido un instrumento universalizante por excelencia, un instrumento de mundialización social, cultural y política. También ha sido un instrumento de mundialización económico-mercantil, es decir, un instrumento de lo que en la última década se ha dado en llamar globalización.

Obsérvese que, siguiendo a Tortosa (1997), en el párrafo anterior he diferenciado los procesos de universalización (o mundialización) de los de globalización. La mundialización, producto de la expansión de los sistemas socioculturales europeos a partir del siglo XV, ha conformado un espacio sociocultural planetario, donde el universalismo cultural se ha combinado con los particularismos. La globalización es un aspecto particular de estos procesos de socioculturales a escala planetaria, el aspecto concentrado en la expansión de las modernas economías de mercado, originadas exclusivamente en Europa.

Y he aquí la paradoja básica de la Universidad. Es parte y motor de los procesos de mundialización, con un origen e intereses excluyentemente europeos, como lo evidencian ejemplarmente sus currícula [2]. Entonces, se ha instalado básicamente en el polo cultural universalizante, y ha sido relativamente poco capaz de instalarse en el otro polo cultural de la mundialización, el de los particularismos. Dicho en términos más propios de las décadas de los 50 a los 70, ha sido un instrumento fundamental en las expansiones imperiales y en los procesos coloniales y neocoloniales.

Sin embargo, en otros lugares del mundo pasaron cosas un poco distintas a las que nos pasaron a nosotros. Por ejemplo, las Universidades de la India -un país que dedica mayor porcentaje de su producto bruto interno a la educación y a la investigación científica que nosotros- enseñan Filosofía Hinduista y Budista y Medicina Ayurvédica.

Comentaré ahora la experiencia, establecida en 1999, en la integración de un grupo de trabajo bicontinental, la Iniciativa Himalandes, la IH. Un conjunto de académicos y de gente de gestión pública de los dos continentes -Asia y América-, estamos tratando de comenzar a enfocar la conexión entre desarrollo y ciencia y tecnología de una manera alternativa. Inspirados en el modelo de la India y otros países asiáticos, nos proponemos dejar de mirar esa vinculación como un proceso radial centrífugo. La modalidad de difusión “del centro hacia la periferia” ha sido precisamente el modelo de la expansión de la institución universitaria, ese modelo donde la Universidad, tal cual fue creada y desarrollada por la civilización europea, se expande hacia el resto del mundo. En cambio, estamos empezando a ver estos procesos desde una perspectiva a la que podemos llamar más “horizontal” o “transversal”, en el sentido de pensar las correlaciones y las posibilidades de cooperación que pueden darse entre regiones, países y sociedades con problemáticas semejantes.

Se trata de un cambio de centralidad: en lugar de colocar el centro en el mundo universitario-académico, proponemos una centralidad social, ecológica y cultural. Por eso, iniciamos un proceso de entendimiento y de cooperación entre académicos y gente de gestión pública de las dos mayores regiones montañosas del mundo: la Región Himalaya en el centro de Asia, y la Región Andina en la espina occidental del continente sudamericano.

Si miramos nuevamente el escudo de la Universidad Nacional de Tucumán, que muestra las cinco provincias del noroeste argentino y sus ciudades capitales, vemos que estamos parados en este momento en una ciudad del piedemonte andino, más precisamente en la bajada de los Andes, como lo están también Jujuy, Salta y Catamarca. Santiago del Estero es un poco periférica a la región andina -aunque sólo un poco periférica, por el hecho de ser Santiago del Estero una provincia quichuista, es decir que tiene un bilingüismo con la principal lengua indígena andina-.

Lo que identifica a estas cinco provincias, y a sus Universidades, es que, con la salvedad mencionada para Santiago del Estero, son provincias fundamentalmente andinas, en el sentido ecológico, histórico y cultural. Los Andes son la región cultural más notable de todo el subcontinente sudamericano, porque desde antes de la llegada de las corrientes conquistadoras y colonizadoras europeas, en esta región estaba asentada la única Civilización de envergadura existente en América del Sur.

La Región Himalaya, en Asia, es una de las grandes regiones donde confluyen civilizaciones. Confluyen allí tres grandes civilizaciones. Una de ellas es muy antigua, la civilización hindú, que está focalizada hoy en la India y en Nepal. La civilización hindú se encuentra en el Himalaya con la civilización china, hoy asentada en un país himalayo, esa región autónoma de China que es el Tíbet. Y ambas se encuentran en esa misma zona, a partir de hace diez siglos, con la civilización islámica. A diferencia de los Andes, el Himalaya es una región de conflicto entre civilizaciones. Y este no es un dato trivial, porque los niveles de conflictividad han convertido a la región en uno de los focos de tensión bélica más graves del mundo, potenciada por la posesión de armas nucleares por parte de tres de sus países: China, India y Pakistán.

Los procesos de mundialización/globalización, no son entonces masivos y menos aún homogéneos. La globalización no es parte de una corriente unilineal de expansión de un modo de vida hacia el conjunto del planeta. La globalización, en todo caso, es uno de los resultados del encuentro en una ecumene de un conjunto de civilizaciones y corrientes culturales que vienen desde milenios, en algunos casos, como el caso de la civilización andina, que tiene dos o tres mil años de desarrollo propio, o como en el caso del Himalaya, donde también hay civilizaciones de dos o tres mil años. La mundialización / globalización, entonces, no es un proceso que está encabezado por instituciones mundiales. En todo caso, es un proceso que está teñido por instituciones a escala mundial, como es el caso de la Universidad, en cuyo ámbito se ha desarrollado, por ejemplo, la ciencia básica y parcialmente la tecnología necesarias para la producción del armamento nuclear que, desde hace unas pocas décadas utilizan en su confrontación las tres grandes civilizaciones que se encuentran en el Himalaya, una confrontación que durante casi mil quinientos años no necesitó de armas nucleares ... ni de Universidades. Como tampoco lo necesitó el vigoroso tráfico de influencias filosóficas, científicas y tecnológicas propias que caracterizó a esa región durante los últimos dos o tres milenios, algo que también sucedió en el interior de los Andes

Estas dos regiones, la Región Andina y la Región Himalaya, se caracterizan por poseer una gran diversidad cultural. La Región Himalaya es una región donde la diversidad cultural está organizada a la manera de grandes corrientes civilizatorias, mientras que, en cambio, la Región Andina es una zona donde se produce el encuentro entre una civilización antigua, que fue la civilización andina incaica prehispánica, y la civilización europea, con su variante americana.

Pero además de esas diferencias, en el interior de cada una de estas regiones hay a su vez una vigorosa diversidad cultural. Y reparemos en estos contrastes. Nos aparece el encuentro entre grandes civilizaciones, es decir, entre grandes corrientes que tienden a presentar una cierta idea de homogeneidad, pero se trata de una homogeneidad aparente. Una homogeneidad tan aparente como aquélla con la que nos representamos a los chinos desde occidente, cuando los vemos a todos tan asombrosamente parecidos.

Como la homogeneidad con la que somos vistos nosotros en Oriente. Una homogeneidad donde la simplificación simbólica es asombrosa. Hace unos meses, en una visita al Potala, que fue el gran centro gubernamental y monástico de los Lamas en los tiempos independientes del Tíbet, al comenzar a conversar con un monje joven y educado y presentarme como argentino, éste reaccionó diciéndome inmediatamente; “¡Ah, argentino, Maradona!”. “Maradona” es nuestro universal.

Seamos un poco más humildes y un poco más sensatos. Si lo único universal que tenemos nosotros, vistos desde un continente donde habita casi la mitad de la población del mundo, si el único símbolo notable de nuestra identidad nacional es Maradona, será porque tendremos que ser un poco cuidadosos para mirarnos de cara a la globalización. ¿Qué quiero decir con esto de “cuidadosos”? Quiero decir que empecemos a mirarnos no como un objeto de globalización, sino como un sujeto de globalización. ¿Y qué es un sujeto de globalización? Es un sujeto cultural, un sujeto pluricultural. Un sujeto que habita una región multicultural.

Si miramos la región andina, que es nuestra región, estamos hablando de la región que abarca desde Ecuador hasta Catamarca y el norte de La Rioja. Nosotros, como región andina noroeste en la Argentina, somos parte de esa región mayor, donde existe, a su vez, un alto pluralismo cultural. Haré ahora un repaso muy rápido de las formas culturales fundamentales que se encuentran en esta área [3].

Un primer grupo de culturas andinas, son las asentadas en las tierras más altas, que llamamos punas en Argentina y en Perú, mientras que en Ecuador y Colombia se llaman páramos y en Bolivia y Chile se llaman altiplanos. Este ecosistema tiene un parecido realmente fascinante con el altiplano tibetano en el Himalaya. Son semejantes los paisajes, las formas de vida básicas e, incluso, algunos rasgos de religiosidad popular -que uno piensa que son tan idiosincráticas-. Por ejemplo, existen lugares cúlticos en el Tíbet casi idénticos a las apachetas andinas: es decir, montículos de piedras que, en ese caso, se utilizan, no para el culto de la Pachamama, como los utilizan nuestros campesinos indígenas puneños, sino en los rituales budistas tibetanos. Desde el punto de vista de las formas productivas y del manejo de los recursos naturales, también hay grandes similitudes entre los pastores trashumantes de yaks -el yak es el animal básico en los altiplanos del Himalaya- y los pastores trashumantes de llamas en las regiones altoandinas.

Los pastores de puna, domesticadores y criadores de camélidos sudamericanos, constituyen entonces una de las culturas básicas de nuestra región, con importantes similitudes con los pastores del Tíbet -un ecosistema himalayo que no sólo pertenece al país homónimo, sino a las áreas ecológica y culturalmente tibetanas del Nepal, Bután y la India-. Y ambas culturas básicas se caracterizan por su fuerte relación con dos grupos de animales característicos: camélidos andinos domesticados -llamas y alpacas- y bovinos himalayos -los yaks-. En ambos casos, culturas de altiplanicies basadas en la domesticación autóctona y en una tecnología también autóctona para el manejo de animales en un ecosistema característico. Semejanzas del mismo orden se encuentran entre los otros ecosistemas culturales de los Andes y áreas homólogas de los Himalayas, aunque no entraré aquí en mayores detalles sobre dichas semejanzas, que han sido tratadas por diversos autores (Guillet 1983, Fricke 1989, Rhoades 1990).

Un segundo grupo de culturas son las de los valles andinos altos. Por ejemplo, éstos incluyen los Valles Calchaquíes, abarcando áreas de las provincias de Catamarca, Tucumán y Salta, la Quebrada de Humahuaca y algunas zonas aledañas en la provincia de Jujuy, las zonas de valles fluviales en el desierto de Atacama, en Chile, los valles de Tarija, Cochabamba, Sucre y otros en Bolivia. En general, estas culturas están enclavadas en todos los valles interandinos, que ocupan importantes superficies en los Andes peruanos y ecuatorianos, constituyendo el hábitat central de este último país, en uno de los cuales está ubicada su capital, Quito. En los Himalayas, la región ecológico-cultural homóloga es la de los valles intermontanos, que configuran también el hábitat central de uno de sus países, Nepal, cuya capital, Katmandú, también ocupa un valle interior del Himalaya.

Ese ecosistema natural y cultural, en las lenguas nativas andinas, es llamado keshwas. La palabra quichua, con la que se denomina a una de las dos lenguas que se hablan en Santiago del Estero -la otra lengua es el español-, es un alófono de quechua, y ambas significan, exactamente, las quebradas, los valles de altura, los valles de agricultura con irrigación, los valles donde se produjo el proceso central de domesticación de uno de los grandes cultígenos que tiene este mundo globalizado, el maíz. Otro cultígeno de gigantesca importancia, que ha constituido una de las bases alimentarias centrales de la revolución industrial en Europa, ha sido también domesticado en la región, y ha prosperado especialmente en las laderas superiores de las keshwas, en su interfase con las punas, un ecosistema cultural que a veces es llamado con un nombre particular, las sunis: la papa, que constituye al mismo tiempo la especie cultivada de la cual se conoce una mayor cantidad de variedades.

Los Andes son un mundo de especies domesticadas en la propia región: llamas-alpacas, papa, maíz, y como se aprecia especialmente en el caso de la papa y sus variedades, constituyen un mundo de experimentación campesina [4]. Otras especies vegetales se han domesticado también en la región: dos granos de alto contenido en nutrientes -la quinoa y la kiwicha-, otros tubérculos –como la oca y la papa lisa- y una leguminosa -el tarwi-.

El tercer ecosistema natural y cultural andino son las yungas. Aquí en la ciudad de Tucumán, donde estamos reunidos ahora, estamos al pie de las yungas, inmediatamente al pie, pues saliendo de la ciudad hacia el oeste, recorriendo poco más de 10 kilómetros hacia el oeste, ya estamos en plena yunga. La palabra yungas -que también es un término proveniente del aymara y el quechua, como punas, sunis y keshwas-, remite a un tipo de ecosistema y al mismo tiempo a un tipo de asentamiento humano y de cultura, que también tiene cerca de dos mil años de historia en este continente.

Las yungas han sido históricamente, en la zona nuclear de los Andes Centrales, la zona de la coca. La coca es una planta satanizada en la civilización europea por haberse constituido en materia prima de la cocaína, una de las principales sustancias definidas como drogas de uso prohibido en la cultura de la mundialización / globalización. Pero al mismo tiempo, es la planta divina, la planta sagrada de los Incas y de los aymara. Es el principal objeto ritual en el mundo religioso indígena andino. La hoja ritual, la hoja de la sociabilidad, la hoja de la devoción, la hoja que, al mismo tiempo, tiene valores, ligados directamente a la adaptación de las poblaciones andinas a las grandes alturas (Rabey et al 1989). Resulta paradojal que este objeto bendito para las poblaciones indígenas de los andes, se haya convertido en objeto maldito en la globalización.

Si uno sigue bajando por las laderas orientales de los Andes, se encuentra con el piedemonte. Ese piedemonte ha sido el único ambiente andino que ha sido claramente globalizado. Quiero insistir aquí en el sentido que estoy atribuyendo al concepto de globalización. Con la gran oleada neoliberal, globalización ha sido entendida como los mercados en expansión, una idea instalada en los medios de comunicación y en el discurso académico. La globalización es ese aspecto de la mundialización donde ésta hace de vehículo a la constitución del planeta como un único espacio productivo y como un gran mercado.

Y el único espacio regional andino, luego de la decadencia de la minería altoandina operada en la década de 1980, que ha entrado y permanecido de una manera fuerte e internacionalizada -o mejor dicho, trasnacionalizada- en los grandes espacios mercantiles mundiales, son precisamente estas zonas del piedemonte andino. Se trata de una zona con mucha capacidad de riego, con muchas precipitaciones por estar en el borde oriental de los Andes, que se ha utilizado desde fines del siglo y principios del XVIII, como sitio para las grandes economías de enclave, las grandes economías de hacienda, con su producción típica, que ha sido la caña de azúcar. Una forma de producción y de uso del territorio fuertemente semejante al del piedemonte sur del Himalaya, donde también el cultivo dominante es la caña de azúcar.

Permítanme en este momento remarcar mi posición actual, el lugar desde el cual produzco este texto. En este momento, estoy en una doble posición. Soy un antropólogo, un académico instalado en temas andinos, en la temática de la relación entre recursos naturales, culturas y desarrollo en la Región Andina -y, últimamente, en su relación con los Himalayas-. Como antropólogo, he enfatizado durante la última década en la necesidad de promover estilos de desarrollo basados en los modelos y en las tradiciones populares (Rabey 1990a, 1990b, 1994, Rabey y Jerez 2000). Pero al mismo tiempo, en este momento, soy un Decano de una Facultad de Ciencias Sociales de una Universidad de la región. Y creo que tenemos que asumir la responsabilidad. ¿Qué hacemos las Universidades de la región por recuperar la idea original de Terán y de la Reforma Universitaria -en cuyo contexto se instaló la primera Universidad Nacional de la Región, a partir de la cual se fundaron las otras cuatro ? El abandono de esas ideas aparece puesto en evidencia por este archipiélago desconexo de instituciones universitarias, muy mal relacionadas con su medio, salvo en algunos casos escasos y relativamente aislados.

Nuestras Universidades de la región, en general escasas de financiamiento, además aplican sin eficiencia los pocos recursos que tienen. Tenemos problemas de asignación de recursos. Y el principal problema de asignación de recursos que tenemos en nuestras Universidades es la falta de adecuación que tiene el uso de los recursos que manejamos a las demandas y potencialidades de los ambientes naturales, culturales y sociales en los cuales están insertas nuestras Universidades.

Esta preocupación ha proporcionado la mirada de esta presentación. He querido introducir un poco de turbulencia (en el sentido que ustedes discutirán dentro de unos días con Mario Robirosa) en este foro, quise colocar esta charla como una provocación. Los provoco a ustedes, que se están formando para la gestión de la ciencia y la tecnología, como recurso, como herramienta para el desarrollo de la región, los provoco a ustedes para que piensen, para que pensemos, qué ciencia y tecnología necesita nuestra región. Qué ciencia y tecnología, que no es de ninguna manera exclusivamente la ciencia y la tecnología que tenemos que traer de modelos importados de generación de ciencia y tecnología.

Y cuando nos preguntamos ¿qué ciencia y tecnología necesita nuestra región?, debemos preguntarnos en primer lugar: ¿cuáles son los modelos de desarrollo posibles para nuestra región? Si no nos preguntamos cuáles son esos modelos de desarrollo, mal podemos pensar cuál es la ciencia y la tecnología que necesitamos y cuáles son las necesarias transformaciones que debemos operar en nuestras universidades.

Propongo dejar de pensar exclusivamente en los términos que nos impone el sistema mundializado de investigación y desarrollo, el sistema mundializado de ciencia y tecnología, un sistema que, bajo el imperativo globalizador, ha mercantilizado la práctica científica a través de la creación y circulación de ese valor llamado publicación de papers -cuyo valor se acrecienta según la cotización de la publicación periódica y la cantidad de citas recibidas-. Propongo en cambio empezar a pensar cómo podemos comenzar a cooperar entre regiones del mundo con problemas análogos, problemas que provienen de homologías naturales, culturales e históricas.

Propongo empezar a pensar de una manera más horizontal y más transversal, volver a refundar nuestras Universidades. No ya solamente con el espíritu latinoamericanista (continentalista) de la Reforma del 18 y con el contenido regional que propuso Terán para esta Universidad del Norte argentino, sino con un espíritu que se asiente sobre los dos aspectos de la mundialización que he mencionado antes: el universalismo propio del modelo universitario europeo y los particularismos que siguen siendo producidos por nuestras culturas regionales y por sus ricos sistemas de conocimiento popular.

¿Será éste el desafío específico del comienzo del milenio para la productividad, para la capacidad innovativa que sin duda tenemos? La Universidades tienen que empezar a repensarse. Ya no como herramientas de difusión de lo que ha sido la mundialización de la civilización europea, sino más bien como herramientas para esa creatividad endógena, esa convocatoria que hubo en la Argentina allá por los años setenta, impulsada por gente tan notable como Oscar Varsavsky, quien sostenía la necesidad de crear una ciencia autónoma nacional y contribuir a una ciencia latinoamericana que sirva para el desarrollo de nuestras propias sociedades.

Yo planteo ese desafío, los dejo a ustedes con la inquietud y quedo a su disposición para contestar las preguntas del caso y dejándoles el espacio para que trabajen porque sé que es mucho lo que tienen que hacer hoy.


Intercambio con los asistentes al Foro

Érica, Universidad Nacional de Tucumán

Con respecto a esto último que usted decía sobre la discusión de cuál es el desarrollo posible para nuestra región, a mí me gustaría saber qué opina usted sobre cómo nosotros, cómo la Universidad, o cómo la sociedad regional podría encarar este proceso de discusión acerca de cuál es el desarrollo posible. Si lo definimos desde los que estamos en la Universidad, si es otro tipo de proceso, o cómo.

Mario Rabey

Gracias por la pregunta y por entender el espíritu de lo que estoy proponiendo. Estoy proponiendo una provocación y las provocaciones merecen respuestas e intervenciones también provocativas. No, desde adentro no. La Universidad cerrada adentro de sí misma es el viejo modelo de Universidad europea, estamentaria, copiada de los modelos estamentarios de sociedad de la Europa medieval, y que hemos traído hasta nuestros días. La única Universidad que puede responder a los desafíos del medio, de la región y de la sociedad, es una Universidad que convoque hacia su interior las voces del conjunto de la sociedad.

Y cuando digo “las voces del conjunto”, hablo de todo el conjunto. Hablo de las voces dominantes y las voces subordinadas. Las voces de los empresarios, de los grandes actores políticos, de las asociaciones sociales y profesionales de papel corporativo en la sociedad, pero al mismo tiempo las voces más humildes, las voces de las organizaciones de base, las voces de los grupos sindicales más locales, las voces de los indígenas, los campesinos, los pobladores de los barrios, junto con las voces de arriba. Desde arriba hacia abajo, como en las formas universitarias modernas, pero también desde abajo hacia arriba, como en las formas más tradicionales de innovación. Desde adentro de la Universidad hacia afuera y desde afuera de ella hacia adentro.

Estoy pensando en un modelo de Universidad que es posible, la estamos experimentando en algunos casos en Jujuy, facilitados por la escala más local y más pequeña del espacio donde está instalada la Universidad. Estamos pensando en un modelo de Universidad, en un nuevo estilo de producción universitaria, donde en lugar de salir a decirle nosotros a la sociedad lo que es bueno para la sociedad, convocamos a los actores sociales y les preguntamos ¿Qué es lo que quieren ustedes de y para su sociedad? ¿Y qué es lo que a partir de lo que quieren los actores sociales para la sociedad, nos piden a nosotros como académicos, como profesores universitarios, como investigadores, que desarrollemos? Dicho de otra manera: dejar de pensar en una Universidad que solamente es de sus claustros, sino que pertenece al conjunto de la sociedad.

La Universidad no puede ser más la propiedad de los docentes, los graduados, los estudiantes y, ahora, los no docentes. La Universidad deberá ser propiedad de quienes nos pagan por estar produciendo y transmitiendo conocimientos. ¿Quiénes nos pagan?: el público. Pero el público ya no es ese público pensado hace un poco más de doscientos años, en la época de la Revolución Francesa. Se habla hoy de un nuevo Contrato Social. La Revolución Francesa propuso crear un estado democrático basado en un Contrato Social celebrado entre todos los seres humanos concebidos como iguales. Pero hoy no consideramos más a los seres humanos iguales, los consideramos diversos. Y entonces el Nuevo Contrato Social es el contrato entre lo diverso, entre las distintas culturas, entre las distintas formas organizativas, entre las distintas formas de asociarse para constituir la sociedad. Y en este contrato, la Universidad tiene un lugar.

¿Qué lugar tiene la Universidad en un Contrato Social entre seres humanos y culturas plurales? Yo creo que la Universidad tiene el lugar de responder a las demandas y necesidades de la región donde está inserta. Pero no a partir de su propia iniciativa solamente, sino a partir de este juego rico, de diálogo, entre la Universidad y los actores de la región.

Marcela Colombo, Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Tucumán

Yo le quería preguntar al Profesor si es posible este desarrollo que usted propone, endógeno, bajo este contexto de desarrollo global, y bajo este contexto de una economía neoliberal.

Mario Rabey

Creo que es absolutamente posible. E invertiría la pregunta, porque se la puede plantear al revés. Preguntaría, ¿es posible revertir este modelo de economía neoliberal? ¿Es posible plantearnos que esta ficción, esta utopía gris que nos han instalado en los últimos veinte años, que nos dice “los sujetos sociales en realidad son consumidores” -porque esto es lo que nos dijo la utopía gris del neoliberalismo y la globalización-, puede ser revertida? Por supuesto que sí. Hemos revertido muchas utopías grises y hasta utopías negras en la historia de la humanidad. Pensemos nada más y nada menos que en la utopía negra del nazifascismo. La hemos revertido. Y estamos completamente dispuestos a parar cualquier re-emergencia de esa utopía negra. Pero también podemos parar esta utopía gris, este intento de pensar e instalar una sociedad masiva, común para todo el mundo, gris, sin diferencias, sin matices. Seres conectados a sus computadoras, haciendo compras por Internet. Este es el paisaje que nos propone la utopía neoliberal.

Es perfectamente posible revertirla. Y en este tipo de Programa, un programa de Universidades que se conecten con su región, que se conecten con su gente, que se conecten con sus culturas, y que transgredan esta aparente obligación de seguir los dictados del centro -ese lugar desde donde nosotros somos concebidos como periferias-, esto es perfectamente posible. Si Fernando Enrique Cardoso -el actual presidente de Brasil-, uno de los grandes autores de la teoría de la dependencia en la década de los ´70 se ha convertido en neoliberal de Brasil, eso no nos obliga a nosotros a hacerlo

Roberto Lencina, geólogo, Universidad Nacional de Tucumán

Lo escuchaba con muchísima atención, como creo que todos nosotros. No quiero que tome como algo personal la pregunta que voy a formular. Quienes estamos participando de este Curso, estamos intentando entender el contexto en el que vamos a aplicar alguna vez estas herramientas de gestión. Usted es Decano. Hemos tenido la presencia de Secretarios de Ciencia y Técnica, de Rectores, Vicerrectores, de funcionarios, de gente que está en la gestión. Lo que logramos percibir, o al menos personalmente logro percibir es que realmente estamos coincidiendo en los puntos fundamentales. Creo que ya no se discute más si la Universidad necesita estar en contacto con el medio o no.

Lo que no logro vislumbrar, desde la gestión, son los hechos concretos y los pasos que están siguiendo las autoridades, para esa integración regional. Sería muy triste para mí escuchar por quienes están en la gestión, que realmente no se están haciendo cosas concretas. Porque en realidad el mensaje que nos están dejando es: ustedes se están preparando para la gestión. Pero, ¿en qué? Nos están inculcando la idea de regionalización, de adaptarnos a este modelo de globalización y proponer cosas nuevas, pero ¿para qué? Si cada uno va a volver luego a su gabinete, a seguir trabajando en lo suyo. Vamos a seguir discutiendo como teóricos y vamos a seguir cada vez más alejados de la sociedad. Desde la gestión, concretamente, ¿qué se está haciendo a nivel regional y cómo vislumbra usted el futuro cercano para que esto se concrete?

Mario Rabey

Yo puedo contestar lo que hacemos en nuestra Universidad, específicamente, lo que hacemos en nuestra Facultad. Una de las cosas que estamos haciendo, y cuesta mucha dificultad por cierto, y hasta cuesta diversos niveles de irritación interna, es salir continuamente del despacho del Decano. Le llamo salir del despacho del Decano, no a ir por los pasillos del edificio de la Facultad a las aulas, los Departamentos y las Unidades de Investigación, sino salir a los Municipios, a las organizaciones barriales, a las organizaciones productivas, a los colegios profesionales, a las asociaciones de empresarios, a las comunidades indígenas y campesinas, y empezar a trabajar junto con ellos sobre proyectos concretos. De hecho, entre los alumnos de este curso, se encuentran algunos docentes junto con los cuales hemos diseñado un proyecto orientado al manejo de una cuenca hídrica densamente poblada, un proyecto interdisciplinario, con científicos sociales, científicos naturales y tecnólogos, de interés directo para el Municipio de la Ciudad de San Salvador de Jujuy. El proyecto lo diseñamos a fines del año pasado y la catástrofe ambiental que se produce actualmente en la región, alrededor de las grandes crecientes fluviales, muestra desgraciadamente el acierto del tema elegido.

Se trata de una investigación orientada a producir un Plan para el manejo integrado de la Cuenca del Río Chico, un río en cuya desembocadura con el río Grande se encuentra emplazada la ciudad de San Salvador de Jujuy. Es una cuenca andina, montañosa, con el mal manejo que han generado estos cinco siglos de procesos de mundialización heterónomos, que sólo han mirado a la imitación de formas europeas, sin buscar un desarrollo basado en las peculiaridades naturales y culturales de la región. Probablemente estas catástrofes tienen como causa principal la falta de bases ecológico-culturales regionales para el desarrollo. Es decir, la falta de un modelo de desarrollo sustentable en la región.

Las peores catástrofes ambientales que se producen en el mundo provienen de la falta de adecuación ecológica, social y cultural de la investigación científica y tecnológica, y su aplicación al desarrollo sustentable de las regiones donde estamos instalados los científicos y tecnólogos. Hace años que trabajo en temas de ciencia social aplicada al manejo de recursos naturales y al planeamiento de sistemas fuertemente antropizados, y me parece absolutamente claro que estamos ante ese tipo de catástrofes en este momento en el NOA. Y el expositor que tenía que venir de Catamarca no ha podido llegar a Tucumán, precisamente por ese motivo.

Este es el camino que hemos empezado a recorrer en Jujuy. Lo que estoy haciendo es invitar a que tengamos experiencias en el NOA que sean comparables, cotejables y coordinables. Debemos preguntarnos cómo empezamos a promover modelos de desarrollo sustentable, apropiados para los ecosistemas naturales y culturales de nuestra región, coordinando la investigación de las cinco Universidades. O, dicho de otra manera, cómo volvemos al programa original de Terán, el primer Rector de la Universidad Nacional de Tucumán, que luego se dispersa en este archipiélago de cinco Universidades. Creo que nuestro desafío es construir, desde esta visión, una especie de confederación o consorcio de Universidades del NOA, que pueda atender a esta problemática.

Roberto Lencina

Me queda la sensación de que se trata de esfuerzos extraordinarios, pero que siguen siendo aislados.

Mario Rabey

Los invito a lo extraordinario, porque de eso está hecha la evolución de la humanidad, no de lo mediocre.



Bibliografía mencionada

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[1] Investigador CONICET y Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy.

[2] Como veremos, esta última afirmación es relativa. Hay países como la India, donde las currícula universitarios incluyen muy importantes componentes de sus propias tradiciones culturales, tanto en el campo filosófico-humanístico, como en el científico-tecnológico.

[3] Una descripción más detallada de estos ecosistemas naturales, así como de las formas sociales y culturales y, especialmente, los sistemas de conocimiento popular y las tecnologías para el manejo de recursos naturales asociados a ellos puede consultarse en Rabey (1994).

[4] La aceptación de que los sistemas de conocimientos indígenas y campesinos son experimentales ha sido lograda recientemente, especialmente a partir de investigaciones antropológicas, aunque también en el campo de las ciencias agrarias (Rabey 1999). En este y otros trabajos (Rabey 1988, 1989) pueden encontrarse descripciones de varios sistemas y procesos experimentales campesino-indígenas en los Andes del noroeste argentino.

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